Cocina de siempre
Sabores para siempre
Érase una vez...
Una paloma de alas doradas llamada Palomita, cuyo vuelo grácil y su espíritu acogedor lo convertían en el símbolo viviente de una antigua tasca de Brieva, hoy restaurante.
Pero como en toda buena historia, también había un villano: “El Tuerto de Pirón”, un bandolero temido cuyas hazañas infames resonaban en los rincones más oscuros de la provincia de Segovia y más allá.
Una noche tormentosa, cuando las nubes cubrían la luna y el viento susurraba secretos antiguos, El Tuerto llegó al Palomar en busca de refugio. Aunque su reputación precedía, Palomita extendió una mano amable y un plato caliente, desafiando las expectativas y desatando una cadena de eventos que cambiarían el destino del lugar para siempre.
El Palomar de Brieva es un restaurante de estilo rústico ubicado en un tranquilo pueblo de la provincia de Segovia. Durante muchos años este lugar ha sido una taberna muy apreciada por la gente de este encantador pueblo. Y a día de hoy, queremos que lo siga siendo.
Al frente de los fogones está Myriam Sanz, cocinera y empresaria que siempre te atenderá con una sonrisa en la cara. Su amplia experiencia como chef hace posible dar ese toque único y especial a cada plato sin perder la receta tradicional y los aromas de siempre.
Nuestra pasión por la tradición y la gastronomía se fusiona con el respeto y el amor por la naturaleza. En los vastos campos de nuestra región, los toros bravos de la dehesa deambulan en libertad, nutriéndose de la tierra y del sol. Es en este idílico escenario donde se gesta uno de nuestros tesoros más preciados: la carne del toro bravo de la dehesa.
Este majestuoso animal, criado en armonía con el entorno natural, nos brinda una carne de incomparable calidad, caracterizada por su sabor robusto y su textura exquisita. En El Palomar de Brieva, honramos esta herencia ganadera que ha sido parte integral de la vida en nuestros pueblos durante generaciones. Es un homenaje a nuestros ganaderos, por su laboriosa dedicación y al profundo vínculo que han cultivado con la tierra y sus habitantes.
Restaurante con Encanto
El Palomar de Brieva es un restaurante de estilo rústico ubicado en un tranquilo pueblo de la provincia de Segovia. Durante muchos años este lugar ha sido una taberna muy apreciada por la gente de este encantador pueblo. Y a día de hoy, queremos que lo siga siendo.
Tardeos
Nuestros “Tardeos” son mucho más que simples eventos; son una celebración de la vida, la música y la buena compañía.
Cada semana, transformamos nuestra taberna y restaurante en un escenario vibrante, donde grupos de música local amenizan las tardes con su música mientras nuestros visitantes disfrutan de una atmósfera cálida, hospitalaria y tremendamente divertida.
Una invitación abierta a sumergirse en la alegría del momento, a compartir risas y experiencias inolvidables entre amigos y desconocidos convertidos en familia.




El local no es como lo muestran en la web, pero eso es lo de menos. Lo grave fue el trato y la calidad de la comida.
Desde el inicio el servicio fue lento y descuidado: tardaron muchísimo en traer la botella de vino; ofrecieron cubitera para el vino blanco y, tras aceptarla, no la trajeron hasta que la reclamamos más de media hora después.
Pedimos dos menús para cuatro personas. Las croquetas, normales. La paella de rabo de toro fue un auténtico desastre: arroz duro en varias partes y exageradamente salado. Imposible de terminar. Los trozos de rabo estaban buenos, pero el arroz era incomible. La ensalada “para cuatro” era escasa hasta lo ridículo: unas hojas verdes, cuatro trozos de tomate y medio huevo cocido.
Llamamos a la encargada para explicarle que la paella estaba dura y excesivamente salada. Su respuesta fue que deberíamos haberlo dicho antes, no cuando ya estaba empezada. Es decir, la culpa parecía ser nuestra por probarla y darnos cuenta. Añadió que iba a probarla ella misma. A día de hoy seguimos esperando su opinión, porque jamás volvió a la mesa ni dio ninguna explicación. Ni disculpa, ni solución, ni gesto alguno.
El colmo llegó con la cuenta: incluyeron una botella de agua que no pedimos, un vino más caro del que habíamos elegido y una copa de vino que tampoco solicitamos. Cuando reclamamos, escuchamos perfectamente a un camarero decir: “te llaman en la mesa de siempre, la que protesta”. Un comentario despectivo e inaceptable. No solo se equivocan, sino que además se permiten ridiculizar al cliente por pedir que le cobren lo correcto.
Corrigen la cuenta… y entonces añaden un café argumentando que no entra en el menú, aunque una persona no tomó postre (incluido) y pidió café en su lugar. Después de todos los errores cometidos, ni un mínimo gesto comercial ni la más mínima empatía.
No nos cambiaron los platos pese a pedirlo y acabamos comiendo directamente de la paellera. Servicio descuidado, actitud prepotente y sensación constante de falta de respeto.
170 € por una comida mal ejecutada y un trato que rozó la burla. Nos sentimos engañados y tratados con desprecio.
Desde luego, no volveremos. Y quien esté pensando en ir, que tenga en cuenta que si algo sale mal, lejos de solucionarlo, probablemente le harán sentir que la culpa es suya.
Al llegar nos encontramos un restaurante acogedor, aunque bastante más pequeño de lo que aparentaba en las fotos de la web. Tenía una chimenea muy agradable y nos acomodaron en el comedor del fondo, también con chimenea. La mesa redonda estaba bien y el ambiente parecía prometedor.
El servicio, sin embargo, empezó a fallar desde el principio. Pedimos tres cervezas y vino; rectifiqué y pedí directamente una botella porque íbamos a continuar con vino. Tras traer las cervezas, la botella tardó bastante en llegar. Al servirla (vino blanco) nos preguntaron si queríamos cubitera; dijimos que sí, pero después de más de media hora tuvimos que volver a reclamarla.
Pedimos dos menús para cuatro personas. Los entrantes consistían en croquetas (dos de jamón y dos de cabrales por cada dos personas). El plato principal era una paella de rabo de toro para compartir. Los trozos de rabo estaban buenos, pero el arroz estaba duro en varias zonas y, sobre todo, excesivamente salado. Llegó un punto en el que era imposible seguir comiéndolo. También nos trajeron una ensalada “para cuatro” que resultó ser escasa: unas hojas de espinaca, lechuga y rúcula, cuatro trozos de tomate y un huevo cocido partido por la mitad. Nos sorprendió que esa ración fuese para cuatro personas.
Llamamos a la encargada para comentar lo de la paella y su respuesta fue que debíamos haberlo dicho antes, no cuando ya estaba empezada. Evidentemente, cuando detectamos el problema la paella ya estaba a la mitad.
En los postres, solo dos personas tomaron postre (incluido en el menú) y otra pidió un café solo en su lugar. Cuando pedimos la cuenta, nuestra sorpresa fue mayor: nos habían incluido una botella de agua que no habíamos pedido, un vino de precio superior al elegido y una copa de vino que tampoco habíamos solicitado, ya que optamos por botella. Al reclamarlo, escuchamos a otro camarero decir “te llaman en la mesa de siempre, la que protesta”, un comentario totalmente fuera de lugar. Corrigieron la cuenta, pero entonces añadieron el café que antes no habían incluido. Al comentar que dos personas no habían tomado postre y una había pedido café en su lugar, nos dijeron que el café no entraba aunque no se tomara postre. Una falta total de empatía y profesionalidad, especialmente después de tantos errores en el servicio.
Además, no nos cambiaron los platos tras los entrantes y la ensalada pese a pedirlo, y terminamos comiendo directamente de la paellera. En conjunto, un auténtico despropósito.
La cuenta ascendió a 170 €, sin ningún gesto comercial pese a todos los fallos. Nos sentimos mal atendidos y, sinceramente, estafados en relación calidad-precio. Yo, desde luego, no volveré.
Lo escribo para que pueda servir de ayuda a otros clientes. Adjunto fotos de los platos y del lema que tienen sobre la chimenea, que bajo mi punto de vista no refleja en absoluto la experiencia que ofrecen.
⸻
Y si es para sentarse a comer, ni os cuento.Un disfrute de la excelente cocina, el buen servicio y acogedor ambiente.
Para ir una y otra vez.
Pero lo dicho, hoy bravo por el arroz con alcachofas braseadas.
El local no es como lo muestran en la web, pero eso es lo de menos. Lo grave fue el trato y la calidad de la comida.
Desde el inicio el servicio fue lento y descuidado: tardaron muchísimo en traer la botella de vino; ofrecieron cubitera para el vino blanco y, tras aceptarla, no la trajeron hasta que la reclamamos más de media hora después.
Pedimos dos menús para cuatro personas. Las croquetas, normales. La paella de rabo de toro fue un auténtico desastre: arroz duro en varias partes y exageradamente salado. Imposible de terminar. Los trozos de rabo estaban buenos, pero el arroz era incomible. La ensalada “para cuatro” era escasa hasta lo ridículo: unas hojas verdes, cuatro trozos de tomate y medio huevo cocido.
Llamamos a la encargada para explicarle que la paella estaba dura y excesivamente salada. Su respuesta fue que deberíamos haberlo dicho antes, no cuando ya estaba empezada. Es decir, la culpa parecía ser nuestra por probarla y darnos cuenta. Añadió que iba a probarla ella misma. A día de hoy seguimos esperando su opinión, porque jamás volvió a la mesa ni dio ninguna explicación. Ni disculpa, ni solución, ni gesto alguno.
El colmo llegó con la cuenta: incluyeron una botella de agua que no pedimos, un vino más caro del que habíamos elegido y una copa de vino que tampoco solicitamos. Cuando reclamamos, escuchamos perfectamente a un camarero decir: “te llaman en la mesa de siempre, la que protesta”. Un comentario despectivo e inaceptable. No solo se equivocan, sino que además se permiten ridiculizar al cliente por pedir que le cobren lo correcto.
Corrigen la cuenta… y entonces añaden un café argumentando que no entra en el menú, aunque una persona no tomó postre (incluido) y pidió café en su lugar. Después de todos los errores cometidos, ni un mínimo gesto comercial ni la más mínima empatía.
No nos cambiaron los platos pese a pedirlo y acabamos comiendo directamente de la paellera. Servicio descuidado, actitud prepotente y sensación constante de falta de respeto.
170 € por una comida mal ejecutada y un trato que rozó la burla. Nos sentimos engañados y tratados con desprecio.
Desde luego, no volveremos. Y quien esté pensando en ir, que tenga en cuenta que si algo sale mal, lejos de solucionarlo, probablemente le harán sentir que la culpa es suya.
Al llegar nos encontramos un restaurante acogedor, aunque bastante más pequeño de lo que aparentaba en las fotos de la web. Tenía una chimenea muy agradable y nos acomodaron en el comedor del fondo, también con chimenea. La mesa redonda estaba bien y el ambiente parecía prometedor.
El servicio, sin embargo, empezó a fallar desde el principio. Pedimos tres cervezas y vino; rectifiqué y pedí directamente una botella porque íbamos a continuar con vino. Tras traer las cervezas, la botella tardó bastante en llegar. Al servirla (vino blanco) nos preguntaron si queríamos cubitera; dijimos que sí, pero después de más de media hora tuvimos que volver a reclamarla.
Pedimos dos menús para cuatro personas. Los entrantes consistían en croquetas (dos de jamón y dos de cabrales por cada dos personas). El plato principal era una paella de rabo de toro para compartir. Los trozos de rabo estaban buenos, pero el arroz estaba duro en varias zonas y, sobre todo, excesivamente salado. Llegó un punto en el que era imposible seguir comiéndolo. También nos trajeron una ensalada “para cuatro” que resultó ser escasa: unas hojas de espinaca, lechuga y rúcula, cuatro trozos de tomate y un huevo cocido partido por la mitad. Nos sorprendió que esa ración fuese para cuatro personas.
Llamamos a la encargada para comentar lo de la paella y su respuesta fue que debíamos haberlo dicho antes, no cuando ya estaba empezada. Evidentemente, cuando detectamos el problema la paella ya estaba a la mitad.
En los postres, solo dos personas tomaron postre (incluido en el menú) y otra pidió un café solo en su lugar. Cuando pedimos la cuenta, nuestra sorpresa fue mayor: nos habían incluido una botella de agua que no habíamos pedido, un vino de precio superior al elegido y una copa de vino que tampoco habíamos solicitado, ya que optamos por botella. Al reclamarlo, escuchamos a otro camarero decir “te llaman en la mesa de siempre, la que protesta”, un comentario totalmente fuera de lugar. Corrigieron la cuenta, pero entonces añadieron el café que antes no habían incluido. Al comentar que dos personas no habían tomado postre y una había pedido café en su lugar, nos dijeron que el café no entraba aunque no se tomara postre. Una falta total de empatía y profesionalidad, especialmente después de tantos errores en el servicio.
Además, no nos cambiaron los platos tras los entrantes y la ensalada pese a pedirlo, y terminamos comiendo directamente de la paellera. En conjunto, un auténtico despropósito.
La cuenta ascendió a 170 €, sin ningún gesto comercial pese a todos los fallos. Nos sentimos mal atendidos y, sinceramente, estafados en relación calidad-precio. Yo, desde luego, no volveré.
Lo escribo para que pueda servir de ayuda a otros clientes. Adjunto fotos de los platos y del lema que tienen sobre la chimenea, que bajo mi punto de vista no refleja en absoluto la experiencia que ofrecen.
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Y si es para sentarse a comer, ni os cuento.Un disfrute de la excelente cocina, el buen servicio y acogedor ambiente.
Para ir una y otra vez.
Pero lo dicho, hoy bravo por el arroz con alcachofas braseadas.
¡Ven a visitarnos a Brieva!
Estamos en Brieva, un tranquilo pueblo a 16 Km de Segovia (18 minutos en coche)
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